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11 DE OCTUBRE DE 1492, ÚLTIMO DÍA DE LIBERTAD

11 DE OCTUBRE DE 1492, ÚLTIMO DÍA LIBRE DE AMÉRICA. Si, en efecto, Colón no descubrió nada y sólo abrió las puertas para toda clase de genocidios que se cometieron contra los pueblos nativos.

A partir de aquel momento,  el mundo occidental y por conveniencia, cristiano, sin llevar dentro al Salvador, llegó a estas tierras haciendo y realizando a placer del conquistador, toda clase de matanzas y esclavitud con una impunidad realmente preocupante desde todo punto de vista alzándose con las riquezas de nuestra Patria Grande.

La historia de cartulina a veces mentirosa, otras interesada, es decir la historia oficial que rinde homenaje al Conquistador del Desierto experto en matar a los nativos y que le valió una parte de la canción patagónica “¿Para qué quieren tantas orejas si no saben escuchar?” alevosamente distorsionan nuestra historia cuando se les enseña a los niños de la escuela que aquel 12 de octubre, se encontraban dos culturas.

¡MENTIRAS! Llegaba la conquista para robarse las minas de oro, la plata y el cobre, el café y las riquezas del Plata donde se tiraba una semilla creciendo toda clase de plantaciones. Llegaba la bota y la cruz para llevarse todo aquello que encontrasen. Pasó en México, pasó en Bolivia, pasó en Chile y en todo aquel lugar que a la corona española le interesaba aliada con la cruz trayendo las bondades de la nueva religión, la cristiana, que de cristianismo tenía poco y nada, pero si una ambición desmedida para repartirse con la bota nuestras riquezas.

Aquí, en cambio, nuestros pueblos nativos adoradores del Padre Sol, la Madre Tierra y la Hermana Naturaleza consumían repartían la caza según necesidad.

Cuenta la historia, la que muchos niegan, en especial la de cartulina berreta, que aquellos nativos que se oponían a ser esclavos como castigo cruel por cierto, los trasladaban desde el norte de la Argentina profunda, no el interior, caminando.

Así les pasó a los Quilmes a quienes los hicieron venir caminando atravesando largos kilómetros y aquel que no resistía conllevaba su “merecido castigo”, la muerte.

Luego cuando la bota y la cruz debieron reconocerlos como humanos y al no aguantar éstos largas jornadas de trabajo encontraron el reemplazo con los afros traídos de este continente debiendo soportar toda clase de penurias en las barcazas negreras donde morían producto de epidemias, enfermedades y demás siendo arrojados al Océano, lógicamente.

Aquí llegaban los que podían siendo vendidos como esclavos en la plaza pública. Muchos de ellos integraron los batallones de primera línea de la guerra de la independencia, muchos de ellos en aquel Buenos Aires con el deber de trabajar para manutención de sus amos eran hasta alquilados por éstos a los negreros, traficantes de carne humana.

Esta es nuestra historia. No hubo encuentro entre dos culturas, sí genocidio, sí matanzas y toda clase de barbaridades.

Quien desee conocer la verdadera historia (porque si a ésta la escriben los vencedores, quiere decir que hay otra historia), pueden recurrir a las tantísimas bibliotecas para enterarse quienes fueron  Manuel Belgrano,  Montegudo, Mariano Moreno, Juan José Castelli, Dorrego y todos aquellos auténticos patriotas que fueron exonerados de todo poder en nuestras tierras.

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