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¿A QUE BIEN COMÚN TENDEMOS? (Valentina)

Acabo de tener una charla con una chica del PTS (Partido de los Trabajadores Socialistas), donde me informaba un poco del porqué de la toma de la Facultad de filosofía y Letras.  En su discurso la noté convencida de los ideales que se promulgan en su agrupación, muy confiada ella. Realmente creía lo que decía, lo que en gran parte se debe repetir hasta el hartazgo (sin alcanzarlo nunca) en su cuartel general. Tal vez es envidia. Yo, que no logro abrazar la idea de las agrupaciones partidarias, que no me cierran varios de sus elementos, me pregunto, en el fondo, si tiene razón en las críticas que me hizo.

No estoy segura de si lamento o no que nadie logre convencerme, y sé que no me da igual la situación penosa que atravesamos como sociedad. Pero:

¿Qué sociedad, alguna vez, alcanzó el bienestar total de cada uno de sus miembros?

Si en todo orden siempre hay revolucionarios: anarquistas, socialistas, comunistas, capitalistas, neoliberalistas, ¿qué pasaría si el orden dominante fuera el de izquierda? ¿Acaso no pasaría a ser la derecha y todo lo demás de izquierda? Para cada negro hay un blanco queriendo transformarlo.

¿Cuáles son los elementos de la revolución?

Mi crítica es amplia pero quiero destacar algunos puntos:

Primero, no comprendo cómo una persona puede abrazar los ideales de alguien más, respirar a través de otro, morir; y pensar todo un grupo de personas lo mismo, y dar hasta la vida por ello. Será que pienso en las cosas más fáciles de alcanzar nomás, en alcanzar el amor y la mejor vida que, a mi modo de ver, me haga más feliz, ofendiendo y lastimando a la menor cantidad de personas posible.

¿No es también un lavado de cerebro absorber la vida de alguien más? ¿Es a ése bien al que tendemos?

Tal vez, digo, quizás, (y cada vez, lo lamento mucho, me convenzo más de esto) no me pienso como parte de una sociedad de millones de habitantes, no pienso en le bien de los demás, no me importa, y la razón principal es porque no los conozco. ¿Cómo puedo yo, o cualquiera, saber cuál es su bien? Posición egoísta la mía, pero ¿hay otra? ¿Hay algo mejor que esto?

¿A qué bien tendemos? [¿Tendemos al Bien? O peor: ¿Qué es el bien común?]

No sé si soy revolucionaria, pero tu posición, Valentina, no me convence. Me gustaría tener un sentimiento menos nihilista, pero mi inconformismo no alcanzó el punto de desesperación que el tuyo sí, que absorbe las ideas de los partidos, porque, al fin y al cabo, ellos tienen su propio bien y yo no puedo ceder el mío, desconocido, para enchufarme tus ideales que en realidad son los de algún tipo muerto hace muchos años.

No sé lo que busco, no sé cuál es el gobierno ideal, no sé cuál bien es el mejor para todos, porque no creo en el “todos”, porque cuando las personas que están al margen de la sociedad dejen de estarlo, los pocos elitistas, burgueses, empresarios pasarán a llevar aquella etiqueta (lo hacemos ahora, los discriminamos, y si queremos la igualdad no podemos sin ellos, a menos que queramos la igualdad hipócrita de los marginados). ¿Por qué vamos a luchar cuando todos seamos iguales, cuando no haya explotados ni explotadores?

Se necesita gente como vos, Valentina, que trate de equilibrar la balanza de los ideales sociales, que martirice a las víctimas del sistema, se necesitan muertos que hayan escrito, y se los necesita así, muertos.

El mundo está lleno de capitalistas y de izquierdistas, y sólo gana uno derrocando al otro, estableciendo los fundamentos de un nuevo sistema de egoístas como yo hasta alcanzar su plenitud, donde el nuevo gobierno impondrá la ilegalidad del egoísmo y de nuevo seamos todos iguales ante la ley, y alguien se rebele y quiera regalar su educación, su ideología, la del egoísmo, y se invente otro bien que a nadie se le hubiera ocurrido antes, porque cada idea es hija de su tiempo.

¿Dónde acaba todo? ¿Cuándo termina ésta retroalimentación de contra y pro? ¿Lucharás por tu nuevo régimen, Valentina, bajo las órdenes de un nuevo cabeza del poder, y morirás? ¿Serás mártir?

Y si los liberás, Valentina, a tus adorados marginados, ¿querrán ellos pertenecer a tu partido? ¿Luchar (vivir) por tus ideales (de otro)? O desearán los mismos placeres a los que vos y yo tenemos acceso, una vida confortable, una casa, la calidez de un plato de comida, las ocho horas diarias de trabajo, el acceso a la Educación Pública y gratuita, la profesión… ¿Querrán ser empresarios? ¿Les ganará el sistema? (¿Es ganar o perder?)

Yo sé que tenemos ésta suerte de vida predeterminada, guardada como algo a seguir, a alcanzar, grabado involuntariamente de ésta forma en la conciencia; pero también hay otros tipos de vida y en el fondo no hay ninguna, porque cada uno construye la suya como mejor puede y le parece (¿según su mejor bien?) Y si no hay una sola vida, ¿por qué, Valentina, me querés impartir la tuya? ¿Por qué ves pobres, esclavos, gordos y ricos, y no soportás la indiferencia con la que mira el mundo? ¿No son ellos indiferentes a mí? ¿No envidian mi vida? Y si fueran lo contrario a los que son ahora sin olvidarse de su penoso pasado, ¿me regalarían “vivir mejor”?

Se me repite constantemente ésta aversión a la protección de los desprotegidos (¿a mi quién me protege? ¿¡De qué hay que ser protegido!?). Suena demasiado humano, me duele un poco admitirlo, aunque la verdad siempre duele.

¿Por qué siempre hay alguien defendiendo el bien?

Y si no están ustedes: PTS, PO, etc, todos ustedes, sacando a la gente que subordinan de su miseria e insertándolos en el sistema que odian pero plagados de sus intereses, ¿quién lo va a hacer? Digo: ¿por qué siempre convenciendo a los pobres con amor, ilusiones, y agrediendo a los ricos con violencia? En el medio, Valentina, estamos vos y yo, tirando para un lado u otro, porque podemos y es lo que hacemos.

Yo por ahora, me quedo en el mejor medio que puedo encontrar, no puedo regalarte mi cabeza, no puedo comprarme tu discurso, ni el tuyo ni el de nadie. Vos tampoco sabés cuál es el mejor bien, pero creés que sí. Vos te conformaste con eso, y ése es tu bien. Y si no tenemos todos el mismo bien (mínimamente, vos y yo tenemos bienes distintos), si sólo lo definís como la negación del que considerás “el mal de ahora”, ¿por qué me inducís a creer en el tuyo?

 

Luego comenzaste a hablar de democracia. Reaccioné instantáneamente “Yo no creo en la democracia”. Vi en tus ojos y en tu silencio de un par de segundos que te sorprendió mi declaración. Vos dijiste que tampoco creías en éste tipo de democracia. Yo no creo en la “cracia”. El gobierno, cualquiera sea, sirve simplemente para mantener un cierto orden social a secas, sin considerar los intereses económicos y políticos. Las millones de personas que somos de manera alguna podemos participar de la toma de decisiones, del armado y planeamiento de leyes, de su aprobación e implementación. ¿Pensará tu partido que tiene proyectos de leyes universales, que tiendan al bien de absolutamente todos? ¿O sólo a la mayoría, a tus marginados?

¿Qué tipo de democracia tiende al bien común? ¿Qué gobierno?

Me sorprende y preocupa un poco éste escepticismo, pero debo seguir con el hilo de mis cavilaciones para alcanzar mi Bien y mi Verdad.

La democracia funciona sólo cuando el demos tiene acceso mediante, como bien vos decías, asambleas. También sabés que mientras esto es posible en nuestra pobre facultad, en la extensión de un país no tienen ningún valor si es representada. No sé qué puedas ofrecer vos, además de frases Troskyanas. No hay que haber leído a nadie en particular para darse cuenta de que éste sistema sirve a pocos, ayuda a nadie, y conviene a vos y los tuyos para justificar tu lucha. Así de grande parece ser tu amor por la humanidad como para querer liberarnos del yugo que nos atormenta todos los días. Pero te olvidás de que no necesitamos luchar, erigir una estatua a un nuevo mártir, leer a viejos poetas, si no tomar la vida propia y dirigirla a su mejor bien, y esperar que, de alguna forma, si compartimos un destino, ése sea el mejor bien posible.

Sabrina Gaitán, estudiante de filosofía

 

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