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AQUEL 18 DE JULIO…

Aquel 18 de julio no fue como cualquier otro; no quedará en la historia como un día cualquiera pero sí cuando la prepotencia pone en relieve un modo de solucionar diferencias del modo más salvaje que se pueda describir.
A nuestro juicio ésa es la enseñanza que nos deja el atentado a la mutual israelita; enseñanza tanto como la de toda una historia que no es otra que la del Siglo XX el cual renunció al diálogo para discernir pensamientos, criterios y demás. Pero también fue la prueba del rompimiento de toda clase de códigos, valores o el triunfo de la sinrazón.
¿Qué otra cosa se puede afirmar cuando a diferencia de otros siglos se bombardearon poblaciones civiles? En ningún siglo anterior fue blanco militar el civil; era una regla de oro no atacar hospitales, escuelas o cualquier otra cosa alejada del teatro de operaciones.
¿Qué otra cosa se puede pensar cuando el espíritu occidental en términos de occidentalismo privilegia el tener más para ser más? El gran humanista norteamericano, Erich From, decía que tener más no significa ser más sino sólo eso: el poseer más bienes.
Ese espíritu occidentalista va llevando a la ruina a una cultura de más de 2000 años cuando en la confusión entre el tener con el ser más se valora por encima de otros fines imprescindibles para el derrotero de nuestra especie.
Caso contrario ocurre en oriente cuando se valoriza el espíritu y el alma; donde no juega con sinigual fuerza el dominar al otro.
Esto fue lo que hizo que se cambiara la mentalidad yendo en auxilio de quienes contravinieron en sus prácticas a los Mandamientos.
Es lo que fundamentaron el ataque a la mutual israelita que, a nuestro juicio, fue el atentado de la cultura occidentalista contra si misma.
Pudo ocurrir un 18 de julio o cualquier otro día, tanto como Cromagnon, o cualquier otro acontecimiento trágico que denuncia por si mismo la perdida de valores fundamentales e incluso, fundacionales.
Y a la vez, es un llamado de atención a la especie para que esa misma especie inicie de una vez el camino de convertirnos en personas ya que Dios, tan sólo nos hizo hombres.

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