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BUENOS AIRES TIENE ESE QUE SE YO, VISTE?

¿Buenos Aires tiene ese que se yo, viste?, decía Ferrer que fue y es uno de los grandes poetas del tango y de la música ciudadana. Autor de obras que quedaron en la retina y en el corazón de muchos de los que pensamos que la cultura no es menos importante que otras áreas del quehacer nacional (nombrar cada una de sus geniales creaciones sería muy extenso escapando a los objetivos del presente suelto periodístico). La Ciudad en el campo cultural resultó un ejemplo para tantas personas preocupadas por alimentar el espíritu. Tanto es así que por ejemplo al tango lo sienten como propio los japoneses entre otros países y culturas. Incorporando otros menesteres, la llegada de los afros en tiempos de la esclavitud con hechos tan repudiables o de la conquista de América de 1492 a los que recién en los últimos tiempos se le están encontrando contrasentidos a la historia oficiosa y maltrecha que pretendieron hacernos creer, aportaron a través del sonar de sus tambores y lenguajes, de sus ágiles movimientos corporales de los que disfrutamos en jornadas carnavalescas para citar un caso, toda la espiritualidad de la primer inmigración (inconsulta) en nuestro país y otras naciones hermanas latinoamericanas. El folklore con cada uno de sus ritmos y autores de la talla de Armando Tejada Gómez, Atahualpa Yupanqui, el célebre también de Tarragó Ros y familiares, el canto si se quiere desesperado de Torres Agüero retomado hoy por Rubén Patagonia que nos anuncia cómo les fueron usurpadas sus tierras a costa de civilizaciones como los Mapuches y Tehuelches en la salvaje conquista del desierto que resumen en la expresión “Para qué tantas orejas si no saben escuchar” recordando los “patacones” que se pagaban por ellas como muestra de exterminio de los indudables dueños de la tierra en esos lugares. Buenos Aires fue en el campo cultural enriquecido en muchos aspectos de la “Argentina Profunda” (mal llamada “el interior”), cada provincia, cada rincón de nuestro país aportó lo suyo para crear aquello que nos animamos en señalar como el “Movimiento Cultural en celeste y blanco”. Cada cien años, cada siglo que sucede al anterior, enfrenta nuevos desafíos en busca de su propia identidad. Estamos pisando la segunda década del Siglo XXI y quizás sirva este detalle para aportar ideas realizadas desde la mayor amplitud, alejada de todo partidismo, egoísmo o pretensión de imponerse al otro (de esto también habla la filosofía del amor, conceptos que hemos desarrollado en otras páginas). ¿Cómo serían, a nuestro juicio, esos aportes? Nuestra ciudad y nuestra Argentina en la cultura y en otros campos también ha vivenciado una suerte de creación piramidal con una clara práctica del “arriba” en que los menesteres, la política y las finanzas que obligatoriamente debíamos aceptar estaban centradas en la Plaza de Mayo, el puerto y la City de los negocios. Pensamos que este Siglo XXI debe sumar otras realidades, otras expresiones, otras inquietudes culturales conformando ciertamente el país federal para que no quede en un bibliorato que no tiene relación alguna con la práctica cotidiana. Desearíamos que tenga activa participación en esa pirámide a la que hacíamos alusión más arriba, el folklore, los ritmos de cada pedacito de tierra de nuestra Patria haciendo realidad que participar también es decidir y en donde “el arriba y el abajo” no estén tan separados e indisolublemente divorciados. En otros términos que no todo se decida “por arriba” y que en lenguaje municipal la descentralización pueda lograr ser una realidad más allá de la desconcentración de los aparatos de gobierno. Concluyendo y a nuestro juicio, estas últimas líneas vendrían a ser el gran aporte del presente siglo XXI.

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