Cada Lucero: la lucha contra las adicciones

Resulta necesaria la aplicación de muchas casas de recuperación de adictos como el Centro Lucero en Los Piletones.

Uno de los inicios para el cambio global que necesita la ciudad contra el flagelo de las adicciones, se inició con uso de las Madres contra el paco de una sede ubicada a metros del estadio del club San Lorenzo sobre la avenida Francisco Fernández de la Cruz entre el vértice de Nueva Pompeya, el bajo Flores, vecinos a los barrios de Villa Soldati, Lugano y Mataderos, esto es decir el corazón mismo del suroeste capitalino al que quizás podríamos titularlo como el centro nuclear de la droga, al menos en el territorio porteño.

En una medida que aplaudimos el gobierno de la ciudad a través del Ministerio de Desarrollo Social, cedió ese predio para ser utilizado por las Madres contra el miedo como también son conocidas quienes buscan rescatar a sus hijos de las adicciones.

“Casa Lucero depende del Ministerio de Desarrollo Social y atiende todo tipo de adicciones. Aunque la droga que más consultas motiva es el paco. Abrió hace tres meses, en silencio, porque primero había que ganar la confianza de los vecinos. Ahora asiste a 16 chicos, aunque tiene capacidad para 50. Sus instalaciones son simples: un par de oficinas, cocina, una sala con biblioteca, huerta y comedor. Es un centro de puertas abiertas: los chicos van de 8.30 a 16.30. Ir o no depende de su voluntad”, leemos en la edición de clarín.com del 28 de agosto de 2010.

Todo lo que se haga y vaya en el sentido de no criminalizar el consumo porque quien consume primero está enfermo estando necesitado de ayuda, y después, recién después, llega a cometer actos de agresión hacia otros o hacia si mismos.

“La adicción está vinculada a la falta de un proyecto de vida y de familia. Muchos de los chicos son la tercera generación de una familia de adictos y no vivieron otro modelo de relación”, señala la subsecretaria de Promoción Social, Soledad Acuña. Explicando la anterior afirmación la funcionaria agrega que “El centro atiende a chicos de las villas Los Piletones, Calaza, Calacita, Carrillo, Fátima y Los Pinos, que reúnen a 16.600 habitantes. Su ubicación permite trabajar con las redes ya existentes en esos barrios, como comedores y juntas vecinales”

El asunto es que las adicciones se han instalado desde hace varios años volviéndose cada vez más necesaria una respuesta eficaz y sostenida en el tiempo por parte de las autoridades tanto sea en el orden provincial, municipal y las del gobierno federal. De no hacerlo el país podría necesitar invertir cuantiosos fondos para urbanizar las villas como ya está sucediendo en Río de Janeiro y la República Federativa del Brasil.

“La experiencia de Casa Lucero es positiva y esperamos replicarla en otras villas –evalúa la ministra de Desarrollo Social, María Eugenia Vidal–. Ahora el Estado está presente dentro de la villa mostrándole a los chicos que dejar la droga es posible”.

La experiencia en el barrio los Piletones deben servir de ejemplo para otras experiencias similares. Es preciso ahunar esfuerzos apoyando a quienes desde hace un tiempo vienen entregando lo mejor de si en la lucha contra las adicciones, tal el caso del Padre Pepe del barrio de Barracas.

Los chicos necesitan ayuda y de esto no debe caber duda alguna. Detrás de la historia de cada uno de ellos hay un drama ya sea personal o familiar. Detrás de esa historia encontramos horizontes escasos en perspectivas cuando realmente existen esos horizontes.

Leonardo Corbalán, explica: “Soy un adicto recuperado. Muchos de los chicos no creen que es posible salir de la droga y yo les puedo mostrar que sí. Pero para lograrlo hay que dejarse ayudar y dejarse querer. Los chicos me dicen que les hablo como un hermano”

La de Leonardo no es la única historia, una historia que es tragedia, que es necesidad de ayuda, que es reclamo de amor. Porque un adicto cuando pide, cuando realmente pide un pedazo de pan o un alimento lo que está pidiendo es que lo atiendan, que lo tengan en cuenta.

Jóvenes a los cuales en otro momento no se los atendió, hoy están pidiendo ayuda. La están reclamando y con las fuerzas que les queda dan ejemplo, dan testimonio. “Lis espera ansiosa la hora de salida para ir a abrazar a su hija. Ahora valoro cada cosa nueva que me dice, cuando antes no le daba importancia –cuenta–. Pero todavía no estoy bien: dejé de venir una semana y tuve una recaída. Tengo que seguir luchando y no voy a bajar los brazos”, el caso de Lis es uno sólo, no el único, pero sí el caso testigo y que nos dice a las claras que se requiere una respuesta inclusiva de la sociedad.

Enzo (18), que sueña con ser boxeador profesional pero hace un tiempo sufrió un paro cardíaco mientras entrenaba. “Me enpastillaba y fumaba marihuana –relata–Estuve internado, pero me quería escapar. Hace tres meses vine y acá empecé a tener amigos y ahora volví a entrenar”, sigue publicando el portal clarín.com del 29 de agosto de 2010.

Es preciso darles una oportunidad no viendo en ellos los ladrones que nos van a quitar nuestro sacrificio y nuestro esfuerzo.

Por supuesto que es preciso cuidar los bienes materiales y espirituales de la familia. Nadie discute esto, pero detrás de un hecho delictivo siempre hay una causa que las autoridades provinciales, municipales y nacionales deben atender en forma prioritaria en función que el flagelo de las adicciones no se vuelvan más traumáticos e insostenibles obligando a la adopción de medidas más urgentes que las que obligatoriamente se requieren ahora.

Las adicciones se repiten, los dramas se reproducen una y mil veces. Es la hora de comenzar a sembrar respuestas para que un futuro no tan lejano se vuelva más complicado.

“Cada noche, cuando su nena de un año se dormía, Lis fumaba pasta base. Quiso dejarla varias veces, pero siempre recaía. Incluso estando embarazada. Su mayor temor era que su bebé naciera con problemas, pero no podía parar . El paco la llevó a aislarse cada vez más. “Un día me di cuenta de que la estaba perdiendo a mi hija –cuenta–. Prefería estar fumando en vez de con ella”.

Tengamos presente el caso de Lis porque se trata de un ser humano, pero tomemos conciencia que hay muchas más personas como ellas y que en este preciso momento, de una u otra forma, nos están pidiendo ayuda.

Uno de los pasos necesarios para la sociedad en su conjunto es empezar a ver en ellos alguien para ayudar en lo que sea.

Y una forma de empezar a ayudar es observando en los tantos chicos que transitan un camino errado alguien que desesperadamente nos está pidiendo auxilio. Ayudarlo es nuestra responsabilidad tanto sea como personas que somos o como sociedad…

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Categoría: Noticias de la ciudad

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