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COLEGIALES, MODERNISMO E IDENTIDAD BARRIAL

Jorge Boullosa, el historiador del barrio y que vino a llenar el espacio que dejara Don Diego Amado del Pino, nos habla de aquella Chacarita de los Colegiales de no hace mucho tiempo y que en términos del paso de la historia, decir sesenta u ochenta años es como afirmar el “ayer nomás”.

También en su texto conceptuoso y elaborado trabajo titulado el Bajo de Colegiales y sus alrededores, nos habla de aquel barrio de quintales y frutales y que nos mueve a los criterios de modernidad e identidades barriales.

Con el sólo caminar las calles de Colegiales podemos observar un cambio urbano evidente que es tan indisimulable que resulta imposible no observarlo que nos mueve a la siguiente reflexión:

Concluida la actividad del mercado Dorrego que venía a ser una suerte de depósito mayorista de aquella actividad desarrollada por los quintales cercanos y a partir de aquel momento, más aún con la llegada del ex Canal 9, América y otras productoras ligadas al arte televisivo, nos preguntamos si los vecinos de entonces no sintieron la misma nostalgia que los de ahora cuando el barrio de Colegiales se transformó de aquellas viviendas unifamiliares para presentar ahora una hilera de edificios de varios pisos.

Sinceramente nos preguntamos si lo nostalgioso –no estamos criticando la nostalgia- puede ir de contramano a los criterios de modernidad y desarrollo urbano pero también queremos reflexionar sobre la necesidad de respetar las identidades barriales, un tema no menor y de vital importancia en esta Buenos Aires que pretende varios cambios en el devenir de los tiempos.

El solo caminar las calles y las avenidas nos muestra un barrio que se ha ido y otro que está llegando, también con todos sus encantos, su frenesí y sus realidades.

¿Es mejor aquel que éste o al revés? No lo sé. Pero ubicándonos desde el vecino tradicional sinceramente nos preguntamos si en la anterior reformulación urbana de quintales a un urbanismo, aquellos otros vecinos que veían el fin de los quintales no sintieron lo mismo que los actuales que ya no ven viviendas de uno o dos pisos.

¿Hubiera sido mejor o peor uno u otro barrio? ¿Era más nuestro el barrio de quintales que el de viviendas unifamiliares, avenidas asfaltadas y demás?

De todos modos, concluyendo, la historia no puede ser una congeladora, un lugar quieto e inalterable y mucho menos puede quedar momificado.

De la capacidad que tengamos el conjunto en hacer un barrio que sí sea más nuestro depende nuestra calidad de vida. Depende aquella costumbre de vecinos ya idos quienes participaban del barrio creando distintas identidades que es el proceso que debemos entre todos realizar ahora. 

 

 

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