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¡CUANDO LLORA EL CORAZÓN!

Sí, es verdad, el corazón llora y más aún cuando a cierta edad duele ciertas cosas que se observa pero se siente la impotencia de no poder remediarlas. Entonces, el corazón larga lágrimas una tras otra y sin saber cuándo dejará de llorar.

En una de esas ese corazón se siente más avejentado de aquello que realmente es. Pero lo peor es que se encuentra con palabrejas dichas por los eternos “haz lo que yo digo pero no lo que yo hago”

El corazón sensible por cierto se lanza a caminar las calles de la ciudad tropezando con otros hechos, otras situaciones que lo hacen llorar más aún, en forma incontenible.

Ese corazón acaba de jubilarse, no hace mucho, dos meses, sesenta días tan sólo; ese cambio de ritmo le pegó fuerte, lo deprimió hasta donde nadie puede decir el sitio.

Caminando las calles tanto antes y después de jubilarse, observa la mirada suplicante de quienes son el amor en estado puro como diciéndole “ven atendeme, llevame contigo” Es un perrito abandonado por un alma dormida en la peor pesadilla, un alma innoble resumiendo.

Ese corazón comienza a llorar cada vez con más fuerzas. en forma incontenible: ¡Cómo quisiera llevarse consigo este y otros perritos que reclaman piedad a quien ni siquiera la siente por si mismo!

Camina ese corazón cien metros, tal vez doscientos o trescientos metros, tropezando con familias en situación de calle viviendo como se pueda, comiendo lo que se encuentre y donde sea. Algún niño, una nenita siempre olvidados por los petardistas que cantan el himno de los “Haz lo que yo digo pero no lo que yo hago”

Caminando y caminando ese corazón llega hasta la terminal de Constitución pero antes de este arribo se tropieza con pebetas que buscan escapar a la miseria vendiendo su cuerpo.

De pronto, se encuentra con el chiquilín de Bachin que con la ñata contra el vidrio o con un ramo de flores sólo pide un pedazo de pan que no se lo dan, obviamente, aquellos de lengua filosa.

Ya es de noche, es tarde, las sombras de la ciudad le ganan a la claridad. Ese corazón luego de caminar y caminar, ir de un barrio a otro caminando sin parar, por supuesto pero llorando y llorando, se debe refugiarse en las frazadas que lo cobijarán de tanto dolor.

Por último, ese corazón se echa a dormir. Duerme profundamente como queriendo olvidar a tantos que tan solo hablan y hablan, dicen cosas, mencionan ideales que no están dispuesto a hacer nada para que sean una realidad.

Una lágrima tras otra ese corazón desparrama, recién jubilado, se pone a llorar…

Publicado 24.05.2018

 

 

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