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DÍA INTERNACIONAL DE LA MUJER

Queremos recordar y homenajear a las mujeres no sólo recordando a aquellas que se inmolaron luchando por derechos sociales reclamando reivindicaciones que como trabajadoras les correspondía sin ningún tipo de duda. La respuesta a esos justos reclamos fue de una bestialidad inusitada: prendieron fuego la fábrica con ellas adentro muriendo carbonizadas.

Esa fue la respuesta de quienes la inmoralidad social y el abandono de todo principio hacia posible acorde a la bestia humana insaciable y antojadiza de verdades que sólo gente enferma sostenían.

No sucedió lo mismo con los hermanos Güemes, todo lo contrario y la incondicional lealtad de la peonada rural lo demostró hasta con la vida y a pesar que en Salta las diferencias entre los acaudalados y los desheredados eran aún peor que las actuales.

Escribe el historiador Felipe Pigna en su imperdible portal  El Historiador  “(…) la figura de María Magdalena Dámasa Güemes (1787-1866) posiblemente resalte aun más políticamente por las situaciones que le tocó vivir. Recordemos que su Salta natal era, por un lado, una sociedad mucho más conservadora, donde las diferencias de clase y de “casta” eran todavía más pronunciadas que en Buenos Aires y, por el otro lado, que entre 1812 y 1823 vivió en virtual estado de guerra permanente, agregando luego (…) “la familia Güemes se destacaba entre los integrantes de la elite, uniendo el carácter de funcionario real del padre, Gabriel de Güemes Montero, y la “prosapia” de la madre, Magdalena Goyechea, descendiente de los conquistadores y primeros encomenderos del noroeste. Sin embargo, tanto Magdalena, familiarmente apodada “Macacha”, como su hermano Martín Miguel y su marido, Román Tejada Sánchez (con quien se casó en 1803), pertenecían a los hacendados criollos que obviaban en el trato con sus peones las diferencias, ganándose su lealtad y respeto”

Incluso queda en evidencia la afirmación precedente en la película “La tierra en armas” la cual nos permitimos invitar a nuestros amigos lectores a verla.

Casada con el capitán Román de Tejada, éste fue confinado a Famatina, dice el historiador mencionado más arriba, por ofender a un sargento del Regimiento de Patricios ante oficiales de este mismo cuerpo; fue Doña Macacha, gran pianista que aprendió a leer y escribir a los cinco años, la “abogada” que con una inusitada fuerza exigió su liberación y vuelta al domicilio conyugal.

Ese espíritu combativo, si es que queremos usar este término, no era muy común en la sociedad de entonces. Tal vez lo podamos encontrar en las mujeres cuando en la Guerra de triple infamia contra el hermano pueblo paraguayo o en otras oportunidades pero nada hacía que aquellas damas, muchas de ellas de las clases acomodadas, dieran ese ejemplo.

Su aporte a la guerra de la independencia fue de un contenido de excelencia; junto a otras mujeres imprescindibles como la mismísima Macacha espiaban los movimientos realistas informando al minuto cuáles y al extremo de hacerle decir al General Joaquín de Pezuela en una carta enviada al virrey del Perú:

“A todas estas ventajas que nos hacen los enemigos, se agrega otra no menos perjudicial, y es la de ser ellos avisados por hora de nuestros movimientos y proyectos por medios de los habitantes de estas estancias, y principalmente por las mujeres relacionadas con los vecinos de aquí y de Salta […] siendo cada una de éstas una espía vigilante y puntual para transmitir las ocurrencias más diminutas de éste Ejército.”

Sería muy extenso escribir sobre la vida y la obra de Macacha Güemes en pos de la Independencia. Deberíamos escribir una página tras otra y aún así nos quedaríamos cortos en la información.

Mujeres como por mujeres como Celedonia Pacheco de Melo, Juana Torino, María Petrona Arias, Andrea Zenarruza de Uriondo y doña Toribia la Linda, demuestran el fundamento y la necesidad de igualdad de sexo. La mujer enseñó Macacha, las nombradas recientemente, no deben estar adelante ni atrás del hombre sino al lado peleando muchas veces por principios comunes.

Por último, si se nos permite, queremos dejar una reflexión: ¿Por qué a Don Martín, a Macacha, las nombradas no figuran dentro de la lista de próceres nacionales en el cuento de “Blancanieves y los siete enanitos” de la historia oficial mentirosa como la que más que oculta el gran aporte de los afro-argentinos que entregaron su vida por nuestra Patria?

¿Será que para ciertas mentalidades la Argentina es tan sólo Buenos Aires?

Escribiendo sobre Macacha, también pudimos hacerlo por Juana Azurduy, quisimos rendirle tributo a todas estas mujeres que sin lugar a dudas son ejemplo de entrega dejando el legado sobre la ubicación que no es otra que junto al hombre –ni atrás ni adelante- para la posteridad.

 

 

 

 

 

 

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