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EL HOMBRE QUE VIAJABA EN SUBTE…

Pancho se tomó muy en serio los votos de pobreza y la divinidad. Desde su Flores natal hasta Boedo su barrio que amó tanto como al Padre Lorenzo; desde cada rincón de la Villa a la cual visitaba asiduamente y que encontró en el Padre Pepe en la 1.11.14 su justo continuador que no sin esfuerzo, no sin sacrificio, sudor y lágrimas, hacía que pasara sus horas, sus semanas, al servicio de un sentimiento que hizo carne: la opción preferencial por los pobres.

Es que no esperó que El Salvador lo viniese a buscar, fue Pancho el que lo fue a buscar y quien lo recibió, quien le abrió su alma, su fe, su amor y de tal forma que en las jornadas de San Cayetano, predicaba que la vida es servicio, no servirse de los demás.

Una ceremonia que lo hacía con un placer como pocos placeres en esta vida terrenal era movilizarse en medios de locomoción que usaban sus propios feligreses siendo Pancho el Pastor que se fundía en la misma gente, con la misma gente, siendo esta actividad tan añorada como la de concurrir a un asado con las mismas personas que semanalmente trataba y cuidaba.

Tomaba el subte en Primera Junta hasta Plaza de Mayo porque aún la cabecera de la Línea "A" llegaba hasta Primera Junta y no hasta Flores como en la actualidad. Se lo veía llegar con su sotana y moverse con sus zapatos algo gastados, todos los días hasta la Catedral en Plaza de Mayo.

Hoy continúa con su rutina diaria seguramente con más protocolo que antes pero que la realiza tal cual es Pancho: la hace con humildad, con entrega y con ahínco.

Porque cada vez que besa a un niño su corazón vuela de alegría como si fuese una paloma de la paz. Cuando se reúne con otros líderes religiosos o políticos lo hace pensando, deseando y añorando un mundo de hermanos, tal como predicó El Salvador….

 

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