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EL HUMANISMO Y LA CUMBRE DE LOS PUEBLOS

Desde hace años, cada tanto, existe una cumbre ambiental y que por lo general no arriba a conclusiones concretas más allá de hermosas declaraciones principistas que por lo general el “mundo desarrollado” son los primeros en olvidar, desobedecer o, directamente, ignorar.

Como decimos siempre, “los cambios se hacen por convicción o por necesidad” y en aquello que atañe en salvar el planeta, la realidad nos indica que esos imprescindibles modificaciones en la conducta de los todopoderosos -hasta hace poco tiempo atrás y a costa de las naciones expoliadas- tardarán en llegar.

Pero hay que testimoniarlo: la ecología no es sólo los desaguisados ambientales que producen “los otros” con la traición lisa y llana de Kiotto.

La ecología también es el acceso al agua potable, al alimento, a la salud, al trabajo y a un mundo más justo en donde unos pocos no se adueñen de aquello que nos fue entregado a todos (Génesis)

La defensa medio ambiental y la teoría ambientalista no pueden quedar en enunciados todos muy prometedores. Tampoco en una teoría fría y congelada que trate temas importantes obviamente como el calentamiento global, el agujero de ozono, el derretimiento de los glaciares, etc.

La defensa y práctica ambiental debe contar con la participación de todos porque el hombre debe salvar al hombre (aunque esta expresión suene algo o demasiado discursiva); el humanismo no debe caer en los vicios del materialismo o del liberalismo que nacieron en los anteriores en “donde unos pocos deciden aquello que nos conviene a todos”

El humanismo debe contar prioritariamente con la participación y movilización de los actores y no meros receptores de aquello que convienen los demás, “los otros”

Las dificultades de arribar a un mundo más justo donde no escasee el alimento o la desnutrición sea una triste realidad que a “esos otros” parece de segundo, tercero o cuarto orden en importancia.

El humanismo debe consolidarse y tener una propuesta en cuanto a la vuelta de enfermedades antes derrotadas, el SIDA, el hambre en África, la prepotencia de las naciones todopoderosas que no terminan y comprometen a las naciones con variedad y riquezas en recursos.

El compromiso para terminar con la pobreza en el mundo no puede ser un discurso y de esto debe tratar la cumbre de los pueblos. Pero su tratamiento no debe ser una mera declaración principista rica en discursos e inmensamente pobre en conclusiones y soluciones.

La cumbre de los pueblos o Río + 20 no debe reducirse al aire contaminado que respiramos tan sólo y tal vez, haciéndose eco de aquel pensamiento de la Patrística y esbozada en Desarrollo de los Pueblos del Papa Paulo VI y de las conclusiones del Concilio Vaticano II “A nadie le es lícito reservarse el uso exclusivo de los bienes mientras que a los demás les falta lo necesario”

Esperamos que en Río + 20 no pase lo de siempre: hermosas declaraciones pero nada de construir un mundo inclusivo al servicio de todos y no para el privilegio de unos pocos.

 

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