EL PALACIO DE CORREOS Y TELEGRAFOS Y SU ÉPOCA

El Palacio de Correos fue construido en aquellos tiempos donde la Ciudad presenta edificios señoriales hacia el norte pero una terrible miseria hacia el sur.

Fue la época en que en la Ciudad de Buenos Aires se vivían tiempos distintos y en donde los sectores dominantes se sintieron victoriosos, más aún cuando en la sospechosa derrota de Urquiza en Pavón le había dejado servido en bandeja a la pléyade de Bartolomé Mitre un país que miraba hacia fuera porque repudiaba “el adentro”

Esos sectores dominantes en verdad, lo confesaron abiertamente, se sentían condenados a vivir en América. Condena doble: porque ni siquiera les tocó los Estados Unidos de Norteamérica, un país tan extenso en tierras como la Argentina pero con su clase dominante que había “solucionado” mucho antes sus cuestiones internas.

El genocidio de la Campaña del Desierto en nuestro país ellos lo habían producido muchísimo tiempo antes y ahora, ya libres de Inglaterra, se aprestaban a crecer y postularse como una economía que daría que hablar en los tiempos por venir.

No pasó lo mismo en estos rincones del planeta y en algún caso que se debió a que siempre se pensó en francés y se comercializó en inglés, como diría el historiador José María Rosa y lo expresara en forma documentada en su libro sobre la Guerra de la Triple Alianza que acertadamente llamó la “Triple Infamia” contra el Paraguay: es que los sectores poderosos defendían lo propio pero además desde una óptica nacional haciendo de este término un sinónimo de sus intereses sectoriales.

Buenos Aires con su puerto que como su nombre lo indica era la puerta de entrada y salida de los productos de su economía, una economía al servicio de un país agroexportador que fue el papel designado por la primera división internacional del trabajo.

En ese marco, con una inmigración que llegaba al Plata en busca de nuevas oportunidades y de un horizonte al menos no tan esquivo como los que sufrían en su propia tierra, fue Buenos Aires y el país la consecuencia del resultado de la derrota nacional de Caseros en 1852.

En ese marco, al que se podría agregar el fin del aborigen y del gaucho o la utilización de los afro-argentinos para las campañas militares de entonces, Buenos Aires se aprestaba a consolidarse como país habiéndose ya sancionado la Constitución de 1853 y acallado las ansias nacionales aunque los nuevos aires devenidos con el surgimiento de la Unión Cívica de Leandro N. Alem y de los anarquistas irían a intranquilizar los vientos y los sueños oligárquicos de una clase altiva y siempre dispuesta a servir a la prepotencia imperial extranjera.

En ese marco y valga esta extensa introducción, demasiado para nuestro gusto, es que se inician la construcción de verdaderos palacios en la Ciudad de Buenos Aires: la Casa Rosada, el Palacio de las Aguas Corrientes hoy ubicado en la intersección de la Avenida Córdoba con Riobamba, y para no ser menos, la pujante empresa de correos y comunicaciones también tendría el suyo.

Leemos en la página oficial de la CNC: “La larga historia de la construcción del Palacio de Correos y Telégrafos se inicia con Ramón J. Cárcano quien, hacia fines de la década del ochenta, insistía en la necesidad de contar con una sede acorde a la importancia y crecimiento de los servicios que brindaba el organismo y centralizar la administración de sus actividades”

Aquella Buenos Aires altiva y victoriosa debía consolidarse. Ya estaba en vías del funcionamiento ideal el puerto nuevo ganado por la pléyade del Ingeniero Madero en contra de la propuesta del Ingeniero Huergo, quien era apoyado por los sectores medios y bajos del país que proponían remodelar al de La Boca.

“En Argentina, donde se estableció por algunos años, a principios de siglo, realizó varios proyectos para el Gobierno Nacional, algunos construidos, como el Palacio de Justicia de Buenos Aires, el Colegio Nacional de Buenos Aires, y otros no edificados como el Palacio de Gobierno que sustituiría a la Casa Rosada (…) La construcción fue iniciada en 1889 y los trabajos se paralizaron al año siguiente a raíz de la crisis económica e institucional. Solamente en 1908, luego de una reformulación de las necesidades y funcionamiento del edificio, y con una nueva propuesta del arquitecto se reanudó la construcción”, naciendo entonces la sede de lo que hoy es el Correo Central, un edificio de aquellos con sus aires señoriales.

Sobre un terreno de 12.500 m2 y con una superficie total edificada de 88.000 m2, se levanta el edificio del Palacio de Correos y Telecomunicaciones, contando con nueve plantas, distribuidas en un nivel de subsuelo, planta baja y siete pisos altos. La altura total, sin contar las torres y cúpula, es de 50 metros aproximadamente

La ciudad se ponía a tono con las grandes construcciones palaciegas de entonces y no sólo eran los edificios públicos sino que se construían además, monumentales viviendas que eran un verdadero lujo para ese entonces.

De esta manera quedó dividida en una Buenos Aires hacia el norte, palaciega, lujosa u oligárquica para decirlo en una sola palabra y otra, la del sur, donde las viejas casonas patricias fueron remodeladas y refaccionadas en conventillos para albergar a una inmigración que llegaba apetitosa de nuevas posibilidades: pingüe negocio para unos pocos y drama mayúsculo para los más que se hacinaban en esos inmundos cuartuchos, algunos de madera, donde se cocinaba, se hacía las necesidades allí mismo y se dormía.

“Este recinto se jerarquiza, entre otras razones, por su gran altura, por su mobiliario diseñado en forma especial y por la luz cenital que ingresa por los tres vitrales, ubicados a la altura del piso cuarto. Sobre este frente, se ubican en los distintos niveles, las oficinas jerárquicas y los salones especiales, lujosamente decorados. Con frente hacia las Avenidas Corrientes y Leandro N. Alem y la calle Bouchard se organizan las plantas operativas alrededor del patio central, ubicado en el primer piso. Sus plantas libres otorgan flexibilidad espacial para adecuarlas a distintos usos”

En aquel Buenos Aires que nos dejaron y no abdicamos de lo artístico de aquellos palacios señoriales sino que los insertamos en la realidad de entonces, el país había avanzado o estaba en la plataforma de partida para convertirse en aquella Argentina Potencia tantas veces anunciada pero que los intereses espurios  impidió su concreción.

En una próxima nota ya abundaremos sobre la belleza en su construcción, un verdadero cuadro artístico en una ciudad proclive al arte urbano de modo particular. En esta página al modo de una introducción sólo quisimos ubicar al Palacio de Correos y Telecomunicaciones dentro de su contexto histórico, un hecho que esperamos haberlo logrado.

Imagen : gentileza ARGHIS.

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Categoría: Noticias de la ciudad

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