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ESCENAS DEL BUENOS AIRES SALVAJE… ¡VAYA PARADOJA!

Quien fuese Secretario de Comunicación Social en el gobierno de Aníbal Ibarra, nos referimos a Daniel Raúl Rosso, nos envió unas líneas refiriéndose a un hecho presenciado en el corazón mismo de nuestra ciudad.

“En el bar de Rivadavia y Junin la mañana del día feriado transcurría calma y desértica.

Hasta que una mujer de unos 60 años, cargada con cinco bolsos como una equeca, se amotino en una de las mesas cuando el mozo le pidió que se retirara.

A la pregunta de que quería tomar respondió, altiva y segura: nada, no deseo tomar nada, solo voy a descansar un rato y a disfrutar del aire acondicionado.”

Este es uno de los tantos hechos de este Buenos Aires salvaje y en el que a cotidiano nos encontramos con la música más elaborada de la mezquindad social; donde no se cumplen leyes y ordenanzas  en los bares tales como los baños para personas con necesidades especiales o cuando la estupidez del comerciante niega el acceso al baño con la imbécil leyenda “el baño es de uso exclusivo de los señores clientes”.

Estos tugurios  del mundo al revés que nos cantara la extraordinaria María Elena Waslh son si así se lo considera una parte insilenciable de la cara de algunos porteños que desde pequeño sólo conocen por haber habitado allí la alegoría de las cavernas de Platón condenados a mirar siempre las sombras (no la realidad)

El mencionado Daniel Rosso continuando con su relato nos agrega (que) “…El mozo le explicó que, en esas condiciones, no podía quedarse.

Ella replicó que era un lugar público y, como tal, era de uso común.  Le respondieron que no, que era un lugar privado y que no podía quedarse.

Entonces, la mujer con los pelos revueltos y el viejo jean andrajoso, me señaló a mi y a otras dos mesas ocupadas preguntando si todos nosotros éramos propietarios del bar y por eso podíamos quedarnos.

¿Lo público y lo privado serán acaso dos conceptos antagónicos que se oponen mutuamente o sólo el pensamiento disperso de algunos que se apropian de ellos y lo interpretan según conveniencias particulares? ¿Cómo interpretarlo?

El ex Secretario de Comunicación Social en tiempos de Aníbal Ibarra finaliza con las siguientes líneas su pensamiento:

“Los mozos, perdiendo toda compostura y señorío, le dijeron que sólo podía quedarse si consumía. Y que llamarían a la policía.

Y ella respondió que no, que no tenía deseo de consumir nada, que solo quería descansar y que no le habían respondido a sus preguntas.

Cuando llegaron los policías, antes de que entraran, tomó sus cinco bolsos, largo una estridente carcajada , y se fue.

Me quedé pensando que cuando la locura y la razón están bien combinadas un hombre o una mujer se vuelven infalibles”

Este hecho que fue narrado transcripto en negrita nos envía al corazón mismo de un Buenos Aires al que se lo esconde; de ese Buenos Aires donde podemos encontrar muchísimos gestos solidarios de las personas que a diario sin serles solicitado concurren en auxilio de los que menos tienen compartiendo el pan, entregando lo mejor de sí, llevando una bebida fresca o un mate cocido caliente si se transita las épocas invernales.

Y sin embargo, estas personas por seguro que no figurarán en los medios masivos de un periodismo por lo menos cuestionable.

¡Vaya paradoja!  Mientras algunos estúpidos que no respetan las mínimas normas o que las respetan si les conviene (el baño para personas con capacidades diferentes) o la carta de los restorán en idioma braile que es otra ordenanza que algunos marmotas ignoran, podemos ver a muchos otros, jóvenes aún, que cuidan de nuestros perritos callejeros poniéndoles agua o alimentos balanceado o, simplemente, los 24 de diciembre pasan la nochebuena junto a los pobres y olvidados de nuestra sociedad.

A estos últimos que creen factible y realizable la filosofía del amor les enviamos nuestro más cálido reconocimiento. Sea.

 

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