Inicio / Todas / Buenos Aires, ayer y hoy / GRANDES DOCUMENTOS DE NUESTRA HISTORIA…

GRANDES DOCUMENTOS DE NUESTRA HISTORIA…

AQUELLO QUE NO NOS HAN DICHO O PREFIRIERON CALLAR

La simple lectura del Orden del día que publicó La Gaceta de Buenos Aires con motivo de la gesta de Mayo de 1810 bajo el título “Supresión de los honores del Presidente”, en forma ineludible nos dirige a pensar cuál diferente sería nuestra Argentina si aquellos pensamientos de Moreno, Belgrano, Monteagudo, Castelli hubiesen logrado mayores consensos que otros. Más aún: ¿tanta sangre hubiese corrido por las calles de la ciudad y del país de haber logrado triunfar el pensamiento de Manuel Dorrego?

Quizás en una síntesis muy apretada y harto escueta podríamos decir que la historia nacional es la historia que se nos impuso de distintos modos incluso con salvajismo represivo: es la historia de un país al que no lo dejaron ser.

Textualmente leemos:

“Privada la multitud de luces necesarias, para dar su verdadero valor a todas las cosas; reducida por la condición de sus tareas a no extender sus meditaciones más allá de sus primeras necesidades; acostumbrada a ver los magistrados y jefes envueltos en un brillo que deslumbra a los demás, y los separa de su inmediación, confunde los inciensos y homenajes con la autoridad de los que los disfrutan, y jamás se detiene en buscar al jefe por los títulos que lo constituyen, sino por el boato y condecoraciones con que siempre lo ha visto distinguido”

Nuestra historia es precisamente la de un rejuntado de personas que habitan un mismo territorio y no la de una Nación con sólidos argumentos inclusivos donde se respete al semejante por el solo hecho de serlo como condición primaria.

Sigamos leyendo el texto citado observando, además, como cambiaría nuestra Argentina si aquellos criterios esgrimidos hace casi 200 años fuesen practicados y de ningún modo olvidados:“De aquí es que el usurpador, el déspota, el asesino de su patria arrastra por una calle pública la veneración y respeto de un gentío inmenso, al paso que carga la execración de los filósofos y las maldiciones de los buenos ciudadanos; y de aquí es que, a presencia de ese aparato exterior, precursor seguro de castigos y de todo género de violencias, tiemblan los hombres oprimidos, y se asustan de sí mismos, si alguna vez el exceso de opresión los había hecho pensar en secreto algún remedio”, se nos ha impuesto una autoridad genocida donde se aplicó la pena de muerte en por lo menos una docena de oportunidades en contra de los consensos mínimos y necesarios para el funcionamiento de un país. Así nos fue.

“¿Qué comparación tiene un gran pueblo de esclavos, que con su sangre compra victorias, que aumentan el lujo, las carrozas, las escoltas de los que lo dominan, con una ciudad de hombres libres, en que el magistrado no se distingue de los demás, sino porque hace observar las leyes, y termina las diferencias de sus conciudadanos?”

De la “Supresión de Honores del Presidente” hemos extraído tan sólo algunos mínimos párrafos y hasta llegaríamos a decir miserables renglones que exponen el pensamiento de Mariano Moreno, Bernardo Monteagudo, Manuel Belgrano y tantos otros que nos llegaron a hablar de la reforma agraria y que soñaban con los principios de la Declaración Universal de los Derechos del Hombre.

Aquel 25 de Mayo de 1810, tiempo antes y tiempo después, hubieron muchos otros pensamientos que no fueron tenidos en cuenta o directamente traicionados convirtiendo nuestro pasado en un cotillón arruinado.

Sirva este segundo bicentenario para quitar las telarañas de nuestra historia y que sirva también para comenzar a escribir un pergamino para que nuestros descendientes no deban decir que “Si a la historia la escriben los vencedores, esto quiere decir que hay otra historia” como en estos momentos nos lamentamos nosotros.

 

Mira también

TEDEUM DEL 25 DE MAYO DE 2017 EN LA CATEDRAL METROPOLITANA