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Homenaje a Gabriella Roncoroni en el Mes de la Mujer

Mujeres de Nuestra Comuna, pilares importantes para nuestro Barrio y en nuestra Sociedad, 

«Gabriella Roncoroni Educadora para la Paz” 

Educar para la Paz: Utopía en Acción

Una escuela porteña donde los valores como la no violencia y la tolerancia a lo distinto conviven con el uso de la computadora y técnicas de activación del potencial humano. por Cristian Sirouyan

Apenas uno traspone la entrada de la Escuela del Siglo Nuevo se sorprende por las primeras señales que anticipan algunas diferencias con otros centros de enseñanza primaria. Carteles elaborados por los alumnos transcriben mensajes de esperanza, igualdad y afecto y cubren las paredes junto con las leyendas redactadas por los padres y los docentes, que fomentan el cultivo de la hermandad entre todos los pueblos de mundo.

En el mástil del patio flamean la bandera argentina y la de las Naciones Unidas, un modo de que los chicos se sientan ciudadanos no solo de su país sino del mundo.

Todo transcurre dentro de lo previsible durante los dos turnos, de la mañana y de la tarde – tiempo de los talleres.

Si bien la enseñanza es personalizada, se ha abierto además un espacio a la participación de los padres en la educación, ya que la institución considera a la familia como célula indispensable de la formación.

Solo después del horario de almuerzo -los que se quedan a comer en la escuela son estimulados a disfrutar de un menú naturista- la enseñanza tradicional da paso al Proyecto Conciencia Planetaria y Educación en Valores Humanos Universales, que aunque impregnan también todo lo curricular, adquieren nuevo impulso en los talleres coordinados por diferentes docentes especializados.

Las actividades artísticas tienen cabida en el taller literario y en los de escultura, pintura y teatro. A todos ellos los une el tema central de la hermandad universal. Pero, además, con la literatura se busca rescatar el gusto por la lectura y el deseo de expresarse también por escrito.

Espiritual pero no confesional”, definen las autoridades la orientación de la escuela, cuando explican la intención de propiciar el respeto por todas las religiones y por cada “prójimo”, de cualquier cultura o situación social que sea. En este sentido, hasta la práctica de los deportes respeta una línea no convencional, ya que no tiene tan en cuenta la competencia entre los alumnos, sino el encuentro con uno mismo para mejorar. Lo que se busca, en realidad, es crear un lenguaje del movimiento; en este lenguaje la natación, por ejemplo, ocupa un lugar preferencial.

Todo parece funcionar en perfecto orden y armonía, sin embargo, los chicos cuentan también con un taller de delegados, en el cual presentan sus inquietudes y se inician en la vida democrática.

De todos modos, los talleres son dedicados a desarrollar la percepción y a aprender a canalizar más adecuadamente las propias energías, cuidar los pensamientos, dirigirlos positivamente: cuidar “la ecología de las relaciones”. Como no podía ser de otra manera, en tiempos de emergencia ambiental, se fomenta el contacto con la naturaleza también mediante paseos ecológicos y reuniones de reflexiones acerca del tema. Todo junto en un viejo edificio del barrio de la Chacarita.

GABRIELLA: testimonio de una convicción.

La convicción de poder encontrar el entendimiento y la tolerancia entre los seres humanos solo una vez que se consigue autoeducarse y educar a la paz, caracteriza cada pensamiento de Gabriella Roncoroni de Christeller, presidenta de la Fundación Pío Roncoroni, la institución que en 1987 iniciara en Buenos Aires los primeros pasos de la Escuela del Siglo Nuevo.

Nacida en Milán en 1924, entre dos Guerras Mundiales, vivió la Segunda Gran Guerra en Italia y en Rumania, donde trabajaba su marido. La experiencia de los grandes bombardeos de Milán y de Bucarest y el horror de los frentes de batalla, la marcaron para siempre.

Cuando nació su primer hijo, varón, en Suiza donde se había refugiado con su marido al caer Bucarest – decidieron viajar a Argentina, al sur del Sur; aspiraban criar a sus hijos en un lugar de paz. Aquí Gabriella eligió el camino de la autoeducación permanente. Hoy se da cuenta que buscaba herramientas para “pensar” la paz. Incursionó en astronomía y antropología, neurofísica y teologías, una base inicial que la llevó a reunir en su casa de Buenos Aires el primer grupo del Movimiento de la No-Violencia Internacional en Argentina: era el año 1960.

A partir de entonces, su vocación por la pacífica convivencia entre las más dispares culturas le impulsó a recorrer el país; el Chaco santafesino la recibió en 1961 para desarrollar junto con sacerdotes de la orden de Foucauld, la COOPERATIVA FRATERNAL FORTÍN OLMOS, una experiencia social que trataba de facilitar el arraigo de dos mil familias de hacheros analfabetos, dejados cesantes por el cierre de la Sociedad Forestal Argentina.

A partir de entonces vuelve frecuentemente a Europa buscando ayuda para esta experiencia piloto entre los más desheredados de la tierra. Comprende ahí que los gérmenes de la violencia y las guerras anidan primero en la injusticia social. Cuando recuerda esa época, la considera su “universidad de la calle” que la marcó tanto como la había marcado la guerra.

Fundó a continuación el CENTRO DE INVESTIGACIONES Y CONEXIONES REFERENTES A LA ENERGÍA HUMANA, creado con el objetivo de estudiar la interacción varón-mujer –como fundamento de la paz– en la familia, el trabajo, las leyes, en la teología y en los mitos.

Emprende nuevos viajes por Centros y Universidades de gran parte del mundo, dictando conferencias y buscando pistas de LA MUJER NUEVA; conoce así los fermentos del feminismo mundial.

Pero el ideal de una educación en Conciencia Planetaria, sustentada en el rescate de los Valores Humanos Universales, cobró en ella un decisivo impulso a partir de su acercamiento -en 1977- con los científicos checoslovacos dedicados a la investigación IAPR (International Association for Psychotronic Research). Los nuevos conocimientos que adquirió fueron enriquecidos por sus encuentros en la India con Sathya Sai Baba.

Este tipo de estudios conciernen al hombre o, más concretamente, a su actividad neuropsíquica y, sobre todo, a sus procesos energéticos. Son procesos a la vez naturales y sociales, que conforman una ciencia superadora de la parapsicología, que no incluye la diversidad interdisciplinaria ni los componentes energéticos indispensables para la comprensión de estos fenómenos”, resume Gabriella, catorce años después de ser elegida coordinadora del área de Psicotrónica y Conciencia. Hoy, además, es miembro del Consejo asesor de Planetary Citizens, un movimiento mundial para el desarme y la paz.

“Entre las disciplinas a las que se refiere la investigación IAPR -entre otras- está la física, la comunicación técnica, las matemáticas, la cibernética, la psicología, la psiquiatría, la medicina, la neurofisiología, la antropología, la geología, la sociología y la biónica. En otras palabras, esta investigación internacional es pluridisciplinaria y estudia las interacciones entre un organismo vivo y su medio -interno y externo-, además de los procesos energéticos subyacentes en todas sus manifestaciones, estimando que la conciencia, la energía y la materia están interligadas y se interfieren mutuamente”. Sobre estos temas dialogamos con Gabriella.

Uno Mismo: ¿En qué fundamentos se apoyan ustedes para que el Proyecto no parezca una utopía?

Gabriella R. de Christeller: En la Escuela del Siglo Nuevo, nosotros trabajamos exclusivamente con niños de jardín de infantes y de la primaria. Mi propia experiencia me indica que los chicos nacen con dimensiones superiores a la nuestra, con capacidad para compatibilizar todo. Si uno solamente les da la oportunidad de no sofocar su talento, su creatividad, ellos mismos van encontrando los caminos. Por eso, decidimos crear una escuela que no aplaste, que no los bloquee. Lógicamente, vienen muy violentos y agresivos porque ese es el mensaje que reciben de la sociedad. A pesar de todo, creo que se puede construir mucho más de lo imaginable, ya que detrás de ese aspecto de barulleros hay un misterio, que es su capacidad espiritual, la que los lleva a ser solidarios, creativos y buscando la convivencia pacífica.

 

Uno Mismo: ¿Sería un deber tomar conciencia del peligro que se cierne sobre la supervivencia de la especie si no se rescatan esos valores?

Gabriella R. de Christeller: Por supuesto. Pero la obligación corre por cuenta de los adultos. El Proyecto Conciencia Planetaria que desarrollamos en el Fundación busca rescatar más la re-creación que el deber; es decir, que los chicos consoliden su espíritu cooperativo y una visión cada vez más amplia de las potencialidades humanas, de manera contagiosa e imaginativa. El objetivo final es movilizar a personas de todas las áreas de la sociedad para pensar, inventar y trabajar en común, en una Educación Global para la paz, para tratar de resolver las disyuntivas políticas, económicas y sociales del mundo actual sobre bases más éticas. De esta, manera la escuela se convierte en un foco de emisión de ejemplos imitables por la comunidad circundante, embriones de una sociedad deseable.

Uno Mismo: ¿En qué medida la formación tradicional de las docentes se adapta al método de enseñanza para la paz?

Gabriella R. de Christeller: Yo tengo claro que en toda la sociedad no hay una conciencia de la urgente necesidad de educar para la paz. Creo que si yo hubiera sido docente, no me hubiera metido en esta aventura, a partir de las dificultades que existen. Es muy difícil. Los docentes están preparados para educar para el pasado y no para el futuro que ya está presente. Por algo es famoso un chiste que dice que si un médico del siglo pasado resucita en una sala de operaciones moderna, se desmaya, pero si lo mismo ocurre con un maestro en un aula, el docente de otra época hoy se pone a dar clases normalmente. Nuestra sociedad ha destruido, irresponsablemente, a los docentes. Les paga muy poco y no les da las herramientas para enfrentar la complejidad de los problemas áulicos actuales. Son los propios alumnos los que los desafían a ensanchar su conciencia permanentemente y a buscar otra formación. Por eso, nosotros tenemos un equipo de orientación que colabora con los docentes, además de que la búsqueda de soluciones se intenta hacerla conjuntamente con los padres.

Uno Mismo: ¿Será que a veces parece necesario vivir situaciones extremas para darse cuenta del riesgo de perder valores fundamentales?

Gabriella R. de Christeller: Parece mentira, pero así es. Hoy nos damos cuenta cuando nos enfrentamos con situaciones difíciles. A mí misma me pasó. Yo no tenía ni idea de lo cruel e irracional que es una guerra, hasta que me tocó vivirla en Europa. En la Argentina, por ejemplo, sólo ahora -después del atentado terrorista- nos damos cuenta de que peligra nuestra existencia. La ecología también aparece casi como una moda, pero llegó en buena hora. Lo importante es darse cuenta de que la depredación y la falta de responsabilidad están dentro de uno. La guerra y el exterminio empiezan en nuestro interior, en nuestras mentes.

Uno Mismo: Parecería que en tiempos de relativa calma el ser humano no sabe valorar lo que tiene.

Gabriella R. de Christeller: No es que no lo sabe valorar sino que ni siquiera lo conoce. Una vez le pregunté sobre esto a un amigo neuropsicólogo y me dijo que son leyes de la naturaleza; que se dan sinapsis o relaciones neuronales nuevas sólo bajo presión, a raíz del dolor y del sufrimiento. Entonces, le plantee: ¿por qué no bajo el goce y la felicidad? No me supo responder. Sólo me aseguró que los científicos habían comprobado el fenómeno. Igualmente, a pesar de esta rara paradoja, creo que es indispensable reflexionar en una situación de paz y silencio, para poder florecer. Si no, es imposible.

Uno Mismo: Si el proyecto Conciencia Planetaria apunta a educar sin distinciones a chicos que viven realidades sociales muy diferentes, ¿cómo se los puede abarcar con un método común para todos?

Gabriella R. de Christeller: En esto no hay ninguna discriminación y tampoco hace falta acercarse a los chicos de distinta manera. El encuentro con el corazón y con la mente abierta posibilita gozar con las diferencias. Uno se enriquece con la manera de ser distinta del otro, tanto en la piel, como en la religión, lo cultural o el aspecto social. Como rescatamos valores humanos universales (amor, no violencia, verdad, acción correcta, paz), la enseñanza puede ser uniforme para todos los chicos, cualquiera sea su origen.

Uno Mismo: En ese sentido, ¿se puede afirmar que la interacción de distintas expresiones se convierte en una ayuda inmejorable para alcanzar el objetivo?

Gabriella R. de Christeller: Se ha comprobado científicamente que si se provee al ser humano desde chico, una formación correcta, en familias y escuelas, con amor y cuidado, y la mayor cantidad y variedad de expresiones, y de adulto se lo expone a hipnosis profunda para ordenarle matar a otro, no lo hace, por el potencial básico de la conciencia absoluta es el mismo en todas las personas. Todos reaccionan de la misma manera. Es decir, el instinto humano es igual en todos. Esto tiene que ver con la evolución general de la vida de la especie a lo largo de millones de años. Pero si se transforma el orden natural y se altera el mundo interior de una persona, esa sí puede responder automáticamente al mandato de mandar. Por eso, es importante darles también vivencias espirituales comunes a los chicos de distinto credo. El rumbo hacia el que apuntamos es espiritual aunque no confesional porque la base de la paz es la comprensión del otro distinto.

Uno Mismo: ¿Qué disciplina de Occidente encuentra mayores puntos de contacto con la investigación IAPR?

Gabriella R. de Christeller: Si nos basamos en la premisa fundamental de que cuando se recupera el potencial el espíritu humano se libera, se podría hablar de una evolución del modelo ya perimido de la parapsicología de Occidente, que no abarca todo el enorme espectro de campos de investigación, entre los que se incluyen la física, la química y la sistémica. La mente humana tiene que ser estudiada interdisciplinariamente. No sirve hablar de fenómenos paranormales cuando son intensificadamente normales: en realidad, se trata del potencial humano activado. Lo ideal sería incorporar ciertas técnicas a la currícula oficial de enseñanza primaria. En nuestra escuela se hace relajación, armonización y meditación para visualizar imágenes positivas. Fomentamos el crecimiento de semillas y plantas. Pero es mucho más lo que se podría desarrollar.

Uno Mismo: ¿Es compatible el acelerado avance y el uso masivo de las computadoras con la educación apoyada en valores humanos?

Gabriella R. de Christeller: Por supuesto. No se trata de desligar a los chicos de sus computadoras. Lo que se pretende es reordenar todo. Que usen la pantalla como una herramienta, al igual que un pincel o un cepillo de dientes. Además, el desarrollo de los valores humanos universales permite tener una libertad y una responsabilidad del uso de las técnicas, por lo cual la persona no se deja esclavizar. Que piensen, que usen el discernimiento, que elijan.

Uno Mismo: ¿Encuentra las mismas dificultades en el interior del país y en Buenos Aires para que la gente se vuelque hacia una conciencia planetaria en términos de paz, solidaridad y respeto?

Gabriella R. de Christeller: No. La gente de provincias tiene un ritmo de vida mucho más tranquilo y eso le permite profundizar más. Los habitantes de las provincias tienen bastante más protegida la dimensión humana. En Europa, por ejemplo -un continente culturalmente tan avanzado-, todavía queda mucho por resolver. La marea creciente de la desocupación, la falta de ecología interior y exterior, el materialismo y el excesivo adelanto tecnológico desembocan hoy en graves actos de nazismo y otros racismos. En medio de ese panorama, un sociólogo francés declaró en Roma que el único lugar del mundo donde conviven en paz tantas y tan diversas culturas es la Argentina. ¿Será por eso que me sucedió crear la Escuela del Siglo Nuevo en Buenos Aires? Pero el trabajo no es nada fácil.

 

Entrevista a Gabriella en UNO MISMO – Noviembre – (Año 2000)

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