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JOSÉ LAMORTE, EL MINGUITO DE COLEGIALES ALLÁ POR LOS AÑOS 50

Todos los barrios tienen un personaje pintoresco, tantas veces humilde como reo en el mejor sentido de la palabra.
Juan Carlos Altavista protagonizó e hizo célebre a su Minguito Tinguitella con su célebre frase: “Trabajas, te cansas, ¿qué ganas?”. Seres queribles que por lo general se rodeaba de sus amigos, otros muchachos de barrio como él.
Nuestro barrio de Colegiales tuvo el suyo. Le decían “El Liebre” por sus piernas largas. Se llamaba José Lamorte, un muchacho de barrio, una persona que cultivaba la amistad y que por años habitó la villa de Colegiales haciendo asados para sus vecinos más próximos y para todo aquel que quisiera compartir su arte culinario.
El Liebre de piel morena y rostro aindiado como lo describre el Arquitecto Jorge Boullosa, historiador y heredero de los saberes de la especialidad de don Diego del Pino, solía parar en el almacén ubicado en Jorge Newbery y Conde de don Domingo Carbone demostrando su cultura alcohólica difícil de igualar.
Fue un personaje famoso y conocido por casi todo el barrio, incluso en zonas cercanas a la plaza de Alvarez Thomas y Elcano, producto de ir y venir con su matungo cargando materiales para la construcción o volviendo de la casa de fábrica de ladrillos que por años y años funcionó en Olaguer y Feliú.
Tan célebre fue este personaje que algunos que lo conocieron –no nos consta a nosotros- solía hacer un asado “de aquellos” para los muchachos del barrio cuando se daba la oportunidad de una buena venta.
También como Minguito inventó expresiones.
Una de ellas fue que “a los Cobanis” los llamaba “Libertad Lamarque” por su costumbre de meter latigazos y llevar en preso a quién no obedecía. Siempre se iba para otro lado a la llegada del gorra de la cuadra que lo conocía perdonándole alguna travesura que no fuera muy grave.
José Lamorte también como Minguito, como otros tantos muchachos de barrio, se supo ganar la amistad y el afecto de otros vecinos por sus gauchadas. En su rancho de la villa de Colegiales, allá por los años 50, donde ahora está la Plaza Mafalda solía tener más de un caballo que amaestraba para otros colegas.
La historia del Liebre con sus pantalones oscuros, faja negra en la cintura y gorra de tela negra es otra de las tantas historias de nuestro barrio, de nuestra Plaza Mafalda cuando ni por imaginación se pensaba que alguna vez iba a ser lo que es hoy, edificios residenciales en altura acariciando si queremos decirlo así, al polo Audiovisual de la calle Dorrego.
Fuente de información: “El bajo de Colegiales y sus alrededores” del arquitecto Jorge Boullosa recientemente ido a la nube de enfrente para conversar sobre la historia de Colegiales con el gran Diego del Pino.

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