LA MUJER Y EL TANGO
sep 03, 2010 | Comentarios 1 | Este artículo ha sido visto 969 veces | Imprimir |


¿Alguien le preguntó a la Costurerita si, efectivamente, dio el mal paso?, se pregunta Lidia Ferrari desarrollando un tema sobre el rol de la mujer en el tango.
Lidia Ferrari, una de las más exquisitas aportantes al rol que le cabe a la mujer en el tango, dice con total certeza lo siguiente al iniciar una serie de reflexiones sobre el particular: “En los personajes de la “milonguita”, la “piba deslumbrada por las luces del centro”, la “costurerita que dio el mal paso” se muestra una valoración negativa por lo que han hecho. Son mujeres que se han ido del barrio y llegan a la vida “fácil”, al cabaret, al centro y todos sus peligros. Esto se caracteriza así: Dieron un “mal” paso. En general se les asigna un rol pasivo, porque han sufrido las inclemencias de un mal hombre: “Los hombres te han hecho mal”, “la limousine de un bacan la remolcó”, “el quebranto de tu perdición”, “otras cayeron igual”, “juguete de ocasión”. Los más generosos las previenen de los peligros de ser conducidas por esos hombres sin escrúpulos: En el “atenti, pebeta”, Celedonio Flores, les advierte cómo deben cuidarse: “abajate la pollera por donde nace el tobillo”
¿Es acaso que éste es el único papel que le cabe? ¿No hay otro?, nos preguntamos ahora. ¿Es acaso que no sólo fue creada por Dios sacándole una costilla al hombre convirtiéndola, por consiguiente, en un ser anexo, dependiente, acompañante de todos modos del macho que tiene al lado?
¿Pero si éste fuese el caso, para qué existe el tango danza? ¿Por qué no quedó tan sólo convertido en tango canción de aquella otra música anterior del que es su continuación? Precisamente aquellos payadores que luego fueron migrando al tango, si es que puede decirse esto, han aportado lo suyo a la música ciudadana y sin embargo entre aquellas composiciones tal vez algo improvisadas característica de su género al tango hay un elemento distintivo: la danza, el baile, algo no común en otras expresiones artísticas pero que dan personalidad al tema ahora tratado. ¡Es la mujer quien le otorga personalidad y es la que le ofrece un rol distintivo!
“El tango es una danza muy compleja, que más allá de sus oscuros orígenes, estudiados e investigados, ya encontró un lugar y una estructura con toda su especificidad. Esta danza es compleja porque intenta que dos bailarines “abrazados” realicen figuras, pausas, movimientos, “cortes y quebradas” dentro de una coreografía que los incluye a ambos. No se sueltan en ningún momento, persisten en su abrazo y se improvisa permanentemente. Esta danza sería simple si ambos no estuvieran abrazados, y esas figuras, pasos se realizaran como en otras danzas donde existe una coreografía diferente para el hombre y la mujer, pero alejados uno del otro”, sigue exponiendo y reflexionando la genial escritora.
Se pensó en algún tiempo que el papel de la mujer en el tango es dejarse llevar, acompañar el paso marcado por el hombre pero y si esto fuese cierto, ¿no sería igual una mujer que un muñeco de trapo con vestido y trenzas de mujer?
Esto es también respondido desde la sapiencia intelectual de Lidia Ferrari: “Creo que se trata de una afirmación esquemática y simple. Esta forma de ver a las mujeres ocupando un rol pasivo ya puede leerse en algunas letras de tango” y a partir de esta pregunta que hace y se hace nuestra escritora inicia un trámite en el que no queda exento una visión si se quiere feminista de la cosa. Pero feminista no por el feminismo mismo o en contraposición de lo masculino, sino como elemento primordial de lo uno con lo otro y es aquí donde reside la riqueza de las reflexiones de Lidia.
¿Quién dijo, se pregunta Lidia, que la costurerita dio el mal paso? ¿Acaso la entrevistaron?, ¿le preguntaron qué piensa de esta afirmación?
Citando a Carlos de la Vega dirá: “En este sentido, hombre y mujer, con dos roles, técnicas y posiciones diferentes se hallan homogeneizados, emparejados en esto de contribuir a producir algo por fuera de los dos: Bailar un tango. Es obvio que, para poder hacerlo, deberán complementarse, deberán cooperar, deberán acordar porque si no, no podrían bailar. Si compiten, si no colaboran el uno con el otro, es imposible que bailen, o al menos, que bailen bien”
El hombre que marcará el camino, esto no es negado por Lidia Ferrari, pero es la mujer quien le otorga cierto condimento a la danza mediante un juego sensorial donde lo sensual, además, tiene un valor para nada desdeñable.
“Esta danza es compleja porque intenta que dos bailarines “abrazados” realicen figuras, pausas, movimientos, “cortes y quebradas” dentro de una coreografía que los incluye a ambos. No se sueltan en ningún momento, persisten en su abrazo y se improvisa permanentemente”. Si la mujer se queda en un rol pasivo, en dejarse llevar que en verdad es dejarse arrastrar, la danza ya pierde contenido que es lo que rescata Lidia Ferrari.
Mucho más podríamos decir al respecto, pero a la forma de esta apretada introducción sólo quisimos dar un puntapié inicial a la sobredimensión de un nuevo rol de la mujer, algo que en otros campos cada vez se hace más evidente.
Categoría: Noticias de la ciudad
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El rol pasivo de la mujer en el Tango, como la que dió un mal paso, demuestra a mi entender dos cosas: primero que al autor lisa y llanamente no le interesaba la opinión de la mujer sino su propia visión; segundo, la escasez de minas de ese momento que hacía que los tipos se obsesionaran con lo que hacia o dejaba de hacer una cualquiera.
El Tango no busca que dos bailarines puedan bailar abrazados. No, la unidad es la pareja, si se pierde ese concepto y se analiza lo que hace cada uno por separado se pierde el Tango. Cuando uno manda no manda a la mujer sino que a ambos a la vez. El hecho de que el Tango sea improvisado refuerza el rol machista, si se quiere, inherente al Tango (como lo demuestran las letras, que versan sobre la visión del hombre). Así entendido, es la visión del hombre la que conmueve a la mujer y produce su movimiento y sentimiento al bailar ya que se haya unida a él por medio del abrazo.
Los componentes de la pareja, si bien forman una unidad, no se hayan nunca “homogenizados”, sino que tienen roles bien diferenciados. Como los del varón son archi-conocidos diré los de la mujer: marcar el ritmo con las caderas, seguir el torso del varón con su seno y ejercer presión con la mano derecha. Esto es lo más técnico y primordial dentro de lo que hace la mujer. Cuando ha dominado ésto recién es capaz de empezar a adornar y, después, de proponer. Así el baile se convierte en un diálogo (que es el estado de comunicación de la pareja) cortando el monólogo del varón de forma constructiva (recién a éste nivel la mujer ya ve a la pareja como unidad)
Por ultimo, uno no arrastra a la mujer, a menos que ella no tenga un balance independiente, es decir no sea ni siquiera capaz de hacer medianamente bien las tres cosas ya nombradas, y que son la base de su rol. Es decir, que no sepa bailar (y eso no es culpa del varón precisamente).
Si uno piensa que hay que cambiarle algo al Tango es porque, en realidad, no le gusta o no lo entiende (que es lo mismo).