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LA TERCERA GUERRA MUNDIAL

1NACIMOS HUMANOS¿Estaremos sufriendo la Tercera Guerra mundial, no convencional, ante el desparpajo de los distintos fundamentalismos (ya sea religiosos, políticos, económicos e imperiales) que dominan la atmósfera humana y planetaria con sus guerras, su olvido de las necesidades populares, su miseria moral de los dominadores de aquellos que menos tienen manejando las finanzas a espalda de una Humanidad cada vez necesitada y que en el caso argentino, el país del alimento, mueren niños por hambre?
No podemos aceptarlo.
Jorge Pancho Bergoglio, el Papa argentino tiene razón.
Todos los días, cada minuto e incluso cada segundo, es ametrallado un niño de no más de 10 años en Siria; Cada minuto, cada segundo algún niño africano está rogando atención de un mundo sin exclusiones, un pedazo de pan, un vaso de agua, una habitación digna y no un habitat construido con las hojas de los árboles o las cortezas de sus troncos que deberían protegerlos de los tsunamis que, por milésima de minutos, se nos presenta con su prepotencia destructora.
Desde este punto de vista y aunque nos duela decirlo, los niños de Siria con todo lo que está pasando es una expresión más, no es la única, en un mundo donde los poderosos dan más importancia a la fabricación de armas de destrucción masiva que realizar sin guardarse nada en busca de los derechos humanos de todos aquellos que deberían verse cubiertos de una de las metas de todo hombre de buena voluntad y que dice: «Donde hay una necesidad, nace un derecho» Es más importante ganar una elección con todas las ventajas que esto significa que un chico olvidado tenga a mano un vaso de agua potable todas las veces que lo necesite.
Es más importante un cajón de verdura en mal estado. Es infinitamente más importante plantar soja y tirar agroquímicos desde las avionetas que envenenan el ambiente que la familia con toda la prole. ¿Qué hacen y por qué no les queda otra? Se vienen al Area Metropolitana viviendo en plazas, al aire libre, en los complejos habitacionales de extrema necesidad por la sencilla razón que aun en las peores condiciones tienen a mano un vaso de plástico para beber agua.A los niños, a los pueblos, los que se adueñaron de occidente y lo manejan según sus intereses y conveniencias, le han declarado la guerra llevándolos a una disyuntiva maligna de buscarse una solución: la muerte o mágicamente encontrar una salida común.
A nadie le es lícito reservarse el uso esclusivo de los bienes cuando a los demás les falta lo necesario para sobrevivir, decía la Encíclica Desarrollo de los Pueblos de Paulo VI.
Si todos no accedemos a los artículos de primera necesidad es porque unos pocos se quedan con los bienes que son de todos.
Así de simple. Esto lo dicen las Escrituras, no nosotros.
Niños y familias expulsados de los lugares antes usados para tener sus alimento diario con sus plantaciones y animales de granja; pueblos que jamás gozarán de lo elemental.
El drama de los refugiados por las matanzas en Siria que arriesgando su vida, el presente y futuro, intentan llegar del modo que sea a Europa falleciendo en el intento, tantas veces, encontrándose con la insensibilidad de los países centrales que les cierran la puertas porque no los necesitan y estorban (a diferencia del fin de la segunda guerra mundial que fueron recibidos porque necesitaban mano de obra barata).
Estamos ante una realidad esquiva que nos hace llorar nuestro corazón en donde la vida no vale nada y como dijeran los grandes poetas de ayer, hoy resulta que hasta a Cristo la barba le han afeitado.
orge Bergoglio, una vez más tiene razón cuando dice que estamos ante la tercera guerra mundial donde los niños son el objetivo a destruir tanto como los pueblos: el siglo XX tuvo como objetivo militar las poblaciones civiles. Ahora son los niños los que pagan el desquicio de un mundo de las finanzas que dominan y destruyen por donde pasan.
Debe llegar, de la manera que sea, la hora de los pueblos. Estamos ante un mundo en peligro de extinción y en donde el ecosistema está severamente cuestionado por las finanzas, el mercado, la prepotencia de los poderosos, el cuasi nazismo de los «dueños» de occidente, quiesumergirnos en dudas fatales cuando nos dicen que los refiagos son infiltrados del fundamentalismo religioso de Oriente cuando en su amplia mayoría son corridos por la violencia, la guerra, el hambre y las necesidades.
¿Hasta cuando los que menos tienen estarán en la mira de los francotiradores de occidente?
¿Porqué no se movilizan los dueños de occidente por las desigualdades sociales y no sólo cuando el otro fundamentalismo ataca a lo pavote sin medir consecuencia alguna? ¿Ha vuelto el nazismo, la disgregación, la discriminación el semejante por el sólo hecho de ser gitano, judío, etc?
¿Acaso son los niños los beneficiarios del narcotráfico y por este motivo se los judicializa?
Por todo lo expresado en estas apretadas líneas queremos con toda humildad concretar un nuevo Nuremberg donde también sean juzgados quienes condenan al hambre, a la miseria, a la carencia de lo más elemental a nuestros pueblos y a nuestros niños de donde sean para que mediante ese juicio contra los que desconocen sus derechos acaben esas inaceptables prácticas.

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