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ROBERTO FONTANARROSA, UN ROSAGARINO EN BUENOS AIRES

Agradeciendo la gentileza de Alejandro Apo, un relator de cuentos inigualable que puede presentar el carné de Amigos de Todos. Ale supo cosechar precisamente que lo quieran todos, lo que no es poco. Gracias a su gentileza hemos podido reproducir uno de los geniales cuentos del Fontanarrosa, el que nunca renegó de su Rosario natal que en su alma llevaba la camiseta azul y amarilla a rayas de su amado Rosario Central.
Se lo recuerda por su genial intervención en el diccionario de las malas palabras pero fue mucho más que eso: fundamentalmente un gaucho que supo hacerse querer y quien, como un trofeo, no tuvo jamás enemigos y sí, personas que llegaron a amarlo y también a sus personajes.

Qué hubiera sido de algún momento de relax sin el perro Mendieta; Bogee, el aceitoso o Inodoro Pereyra? Si algo se puede decir del Negro es que supo crear parte de su Rosario en sus dibujos y  siguió viviendo en su ciudad natal (y por supuesto, llevando la camiseta de Rosario Central creando como si fuese un cuento de los geniales que siempre escribió, la azul y amarilla que siguió desde pequeño y que por esas cosas inimaginables, la vestía en todo momento)

Roberto Fontanarrosa nació en la ciudad de Rosario (Argentina) en 1944. Su carrera comenzó como dibujante humorístico, destacándose rápidamente por su calidad y por la rápidez y seguridad con que ejecutaba sus dibujos, nos cuenta el portal Taringa, agregando el mencionado que “(…) En los años setenta y ochenta, se lo podía encontrar tomándose un café en sus ratos libres en el bar El Cairo (esquina de calles Santa Fe y Sarmiento), sentado a la metafórica «mesa de los galanes», escenario de muchos de sus mejores cuentos. Desde los años noventa, la mesa se mudó al bar La Sede hasta la reapertura de El Cairo.

Aunque parezca algo improbable son precisamente los más grandes los que se enferman primero y nos dejan un lugar vacío en el corazón pero que sus creaciones se encargan de llenar con la amistad y el afecto que siempre dispensó incluso a los que se le presentaban para conocer tan noble figura.

En el año 2003 se enfermó quedando postrado y debiendo utilizar una silla de ruedas que lo acompañó lógicamente a todos lados y, sin embargo, la bondad del Negro hizo que se hiciera amigo de su obligada compañera.

MUSEO DEL DIBUJOLos grandes se van rápido y seguramente haya sido el de las alturas quien lo llamó haciendonos recordar que nos lo había prestado algún tiempito para ver si nosotros, también mortales, podíamos aprender de sus valores que cultivó y sigue cultivando porque el don de la amistad jamás será pasado.

El portal mencionado nos recuerda que “Falleció el 19 de julio de 2007, a la edad de 62 años, víctima de un paro cardiorrespiratorio una hora después de ingresar en un hospital con un cuadro de insuficiencia respiratoria aguda.
Su entierro al día siguiente de su muerte fue acompañado por cientos de ciudadanos comunes, escritores, actores y autoridades de la política nacional. La marcha hizo una parada por espacio de unos minutos en cercanías al Estadio Gigante de Arroyito (estadio de Rosario Central; club del cual Fontanarrosa era un reconocido hincha), y luego continuó hacia el norte, hacia el cementerio Parque de la Eternidad en la vecina localidad de Granadero Baigorria, donde fue enterrado” 

Aún así y todo, el Negro como Manuel García Ferré, Caloi, Quino siguen estando con nosotros a través de sus personajes, a través de su obra, a través de su bohemia. Pero por seguro, con su mano abierta ofreciendonos su amistad.

El relato del querido Alejandro Apo se escuchó por Radio Continental algún día sábado en que poníamos la emisora para disfrutar de su calidez profesional y humana.

 

 

 

 

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