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SOBRE LA MISION ESPERANZA… (Parte primera)

La Fundación Misión Esperanza tiene su origen en lo que la Hermana Theresa Varela, creadora y fundadora de la entidad, describe como un “segundo llamado especial de Dios” y que podríamos decir que hace suyo la expresión de la Madre Teresa de Calcuta: “Quien no vive para servir, no sirve para vivir”.

La hermana Teheresa Varela por seguro que lleva en su ADN  la solidaridad como emblema de espíritu y de su alma que siempre estará atento a las necesidades del prójimo: la opción por los pobres cuyo concepto nace del mismísimo Concilio Vaticano II hará de ella un ser imprescindible de los cuales no existen muchos en este mundo en donde la brecha entre los que tienen todo y quienes nada tienen llegan a niveles indignantes.

“Transcurría el año 1989. Me encontraba en San Pablo, Brasil, enviada por la congregación a la que pertenecía, para llevar a cabo la fundación de su primera casa en ese país. Un día, en las calles de San Pablo, vi a una mujer arrastrando a un niño por el pelo porque no había obtenido bastante moneda mendigando.” -relata la Hermana Theresa. “El mismo día a la tarde, vi a una nena gritando por un sachet de leche para que su madre no le matara. Le di la leche y le dije: vete y que tu madre no te mate. ¡¡Un día haré algo por ustedes!! (…) Los gritos de esos niños, víctimas de la miseria, la marginación y la explotación, hicieron ecos en mí, y se convirtieron en mi propio gemido. ¡¡Hacer algo por los niños!!!. Estos gritos y otras razones me llevaron a descubrir la invitación de Dios a dejar mi convento, “mi casa”. continúa la religiosa”

Los votos de pobreza para ella como para el Padre Opeka no son literatura -mucho menos, barata- son un estilo de vida, una regla irrenunciable llegando a los lugares más alejados de todo urbanismo, de toda comodidad o placeres terrenales.

En cierto momento le dijeron a la Madre Teresa de Calcuta: “Por qué no enseña a pescar” recibiendo como respuesta que nadie puede aprender con el estómago vacío.

Así como la Madre Teresa, Teheresa Varela también se dedicó a paliar los sufrimientos de los niños en especial no desatendiendo los dramas de sus padres, hermanos y mayores.

Con toda la fuerza del amor cristiano solicita el cambio en donde hacer su aporte dejando el convento en donde ella entregó vida y alma.

“Allí había vivido la mayor parte de mi vida y dejado lo mejor de mí: mi juventud. Me sentía querida y protegida, pero tenía que dar un salto al vacío, hacía la inseguridad del itinerante.” (…) “Comencé a vivir un tiempo fuerte, una etapa de lucha interior, de búsqueda, pero llena de esperanza y de gracia de Dios. Sufrí horrores y en el sufrimiento comprendí que la vida es un combate que a los débiles abate, que el amor es una decisión y no un sentimiento. Busqué en todo momento la fortaleza de Dios y el apoyo de la Virgen. Rezaba y pedía la luz y la fuerza de lo Alto porque amo perdidamente mi vocación, y por ella doy la vida”

A partir de esa decisión y apoyada por sus superiores de la Iglesia inicia su obra que desarrollaremos en una segunda entrega.

Fuente: Documentos de la Fundación

Publicado 20.07.2018

 

 

 

 

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